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Uso de pantallas en niños y niñas: ventajas, desventajas y cómo fomentar su desarrollo

Uso de pantallas en niños y niñas

Las pantallas forman parte de la vida cotidiana de niños(as), jóvenes y familias. Televisores, tabletas, computadores y teléfonos pueden ser herramientas para aprender, comunicarse, crear y explorar intereses. Sin embargo, cuando ocupan demasiado espacio en la rutina, pueden desplazar experiencias fundamentales para el desarrollo infantil: jugar, conversar, moverse, dormir, leer, experimentar y relacionarse cara a cara.

Por eso, hablar de pantallas en la infancia no debería reducirse a decidir si son buenas o malas. La evidencia reciente sugiere que su impacto depende de factores como la edad del niño(a), el tiempo de exposición, el tipo de contenido, el propósito del uso y el acompañamiento de los adultos. Una revisión publicada en 2026 por Ros Maiz et al. encontró asociaciones entre una exposición elevada y dificultades relacionadas con el lenguaje, la atención, la regulación emocional, la conducta, el sueño y la actividad física, pero también señala que los resultados son heterogéneos y que el contexto modifica considerablemente estos efectos.

La pregunta sería qué experiencias están teniendo mientras la utilizan y cuáles están dejando de vivir.

¿Cómo reducir el uso de pantallas y fomentar los talentos de niños y niñas?

El desarrollo de talentos en la niñez comienza mucho antes de pensar en una profesión o vocación. Durante la infancia, necesitan oportunidades para probar, equivocarse, crear, preguntar y seguir su curiosidad. Experiencias como Explorando la Arquitectura o el Programa Infantil y Juvenil de Formación Musical pueden acercarlos a distintos campos, permitirles experimentar y reconocer qué actividades despiertan su interés y motivación.

Una pantalla puede mostrarle a un(a) niño(a) un video sobre astronomía, una animación sobre animales o una clase de dibujo. Esto puede despertar intereses y convertirse en una puerta de entrada al conocimiento. Sin embargo, el verdadero descubrimiento ocurre cuando esa curiosidad se transforma en experiencia: observar las estrellas, construir un modelo, dibujar, practicar un instrumento, cuidar una planta, hacer un experimento o jugar un partido.

La tecnología, por tanto, puede complementar la exploración, pero no necesariamente sustituirla.

Unicef propone precisamente avanzar hacia un acompañamiento de la vida digital que permita aprovechar las oportunidades de la tecnología y, al mismo tiempo, conversar con niños, niñas y adolescentes sobre sus riesgos y su uso responsable. Te dejamos una la Guía para acompañar la vida digital de los niños y adolescentes propuesta por la Unicef

Ventajas del uso de pantallas en la infancia cuando se utilizan de forma consciente

El debate sobre el tiempo frente a pantallas suele concentrarse en los riesgos, pero esto puede llevar a una conclusión incompleta: no todos los usos digitales tienen el mismo efecto.

Las herramientas digitales pueden convertirse en recursos para la educación, la creatividad y la comunicación. Un contenido educativo adecuado para la edad puede ayudar a explicar conceptos que serían difíciles de comprender de otra manera. Una aplicación de dibujo puede estimular la expresión artística y una herramienta de programación puede introducir a los niños y niñas en el pensamiento lógico y la resolución de problemas.

La revisión de Ros-Maiz, Chocarro-Arróniz y Lecumberri-Alzueta (2026) destaca esta diferencia entre el consumo pasivo y las experiencias digitales interactivas. Según la evidencia que revisan, determinados contenidos educativos estructurados pueden producir resultados diferentes cuando se utilizan con supervisión adulta y dentro de un contexto de aprendizaje.

La clave está en que la pantalla sea un medio para hacer algo, no el objetivo de la actividad.

Desventajas del uso excesivo de pantallas en niños y niñas

El principal riesgo de las pantallas no está solo en el dispositivo, sino en las experiencias que pueden desplazar. La revisión de Garavito-Sanabria et al. (2022) relaciona la exposición excesiva con dificultades en el lenguaje, la sociabilidad, el sueño y la conducta, especialmente según la edad, el tiempo de uso y el acompañamiento adulto. Estudios posteriores a la pandemia, también han encontrado asociaciones con problemas de atención, regulación emocional y sedentarismo, aunque estos resultados deben interpretarse con cautela, pues no permiten atribuir estos efectos exclusivamente a las pantallas (Ros-Maiz et al., 2026).

Durante los primeros años, el juego, la conversación, la lectura compartida y la interacción cara a cara son fundamentales para el desarrollo. Por ello, la OMS recomienda evitar las actividades sedentarias frente a pantallas en infantes de 1 año y limitar su uso a un máximo de una hora diaria entre los 2 y 4 años.

El objetivo no es solo controlar el tiempo, sino evitar que las pantallas desplacen experiencias esenciales como el movimiento, el descanso y la interacción con otras personas. Además, la evidencia reciente relaciona una mayor exposición, especialmente antes de dormir, con una menor duración o calidad del sueño. En jóvenes, además del tiempo de pantalla, conviene considerar el tipo de contenido, el propósito de uso y su equilibrio con la actividad física, el aprendizaje, el descanso y la vida familiar.

Del tiempo de pantalla al tiempo de descubrimiento

Una estrategia de crianza digital responsable no tiene que consistir necesariamente en prohibir la tecnología. Puede comenzar con una pregunta diferente: ¿qué queremos que nuestro(a) hijo(a) descubra hoy?

Si muestra interés por la naturaleza, pueden visitar un parque, observar su entorno o acercarse a la ciencia mediante experiencias prácticas como Experimentos para los Sentidos o Pequeños Geólogos: descubriendo los secretos de la Tierra. Si disfruta dibujar, pueden experimentar con diferentes materiales; y si le gusta el movimiento, probar actividades como natación, fútbol, danza o ciclismo. Estas experiencias amplían sus posibilidades de exploración y pueden ayudarles a reconocer intereses que, con el tiempo y la práctica, se conviertan en habilidades.

Las actividades extracurriculares para niños y niñas también pueden ser una oportunidad para esta exploración: música, arte, deporte, ciencia, teatro, idiomas, robótica, lectura o actividades relacionadas con la naturaleza. No se trata de llenar la agenda infantil, sino de ofrecer espacios diversos para que cada niño y niña encuentre aquello que despierta su curiosidad y reducir el tiempo de pantalla de forma natural.

¿Cómo construir un equilibrio saludable?

Más que establecer una lucha permanente contra los dispositivos, las familias pueden construir reglas claras y coherentes para una crianza digital responsable.

  • Definir momentos sin pantallas. Las comidas, los espacios de conversación y el momento previo al sueño pueden convertirse en oportunidades para desconectarse.
  • Elegir contenidos de calidad. No es lo mismo consumir contenido de manera pasiva y prolongada que utilizar una herramienta digital con un propósito educativo o creativo.
  • Acompañar el uso. Ver, jugar o explorar junto con los niños y las niñas permite conversar sobre lo que están observando y convertir la experiencia digital en una oportunidad de aprendizaje.
  • Observar qué está desplazando la pantalla. Si un(a) niño(a) deja de dormir, jugar, hacer actividad física, conversar o relacionarse con otros por permanecer frente a un dispositivo, es momento de revisar la rutina.
  • Dar ejemplo. La relación de los adultos con sus propios dispositivos también forma parte de la educación digital. Unicef (2026) destaca la importancia de generar espacios de diálogo informados sobre la relación de infantes y adolescentes con la tecnología.
  • Reservar tiempo para el asombro. Salir al parque, observar insectos, cocinar, pintar, construir, leer cuentos, tocar un instrumento o simplemente dejar que el(la) niño(a) invente un juego pueden parecer actividades sencillas, pero ofrecen algo fundamental: la posibilidad de descubrir intereses propios.

El objetivo no es criar niños o niñas desconectados(as)

La tecnología seguirá formando parte de la educación, el trabajo y la vida social. Por eso, el objetivo de una crianza digital responsable no debería ser preparar a los niños y niñas para vivir sin tecnología, sino ayudarlos a aprender a utilizarla sin perder la capacidad de explorar el mundo fuera de ella.

Las pantallas pueden abrir puertas hacia nuevos conocimientos, pero el desarrollo integral necesita muchas otras experiencias. El juego, el movimiento, el contacto con la naturaleza, las conversaciones, las relaciones sociales y la creatividad también son espacios de aprendizaje.

Reducir el tiempo en dispositivos puede convertirse, entonces, en una oportunidad para algo mucho más importante que simplemente “usar menos el celular”: darles a los(as) niños(as) más tiempo para descubrir quiénes son, qué disfrutan y qué pueden llegar a hacer.

Cada niño(a) tiene intereses, preguntas y habilidades por descubrir. Dale nuevas oportunidades para aprender, crear y explorar a través de experiencias pensadas para despertar su curiosidad y acompañar su desarrollo.

Referencias:

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Preguntas frecuentes

Más que considerar únicamente el número de horas, es importante observar si las pantallas están desplazando actividades esenciales como dormir, jugar, hacer actividad física, conversar, leer o compartir con otras personas.

Actividades como practicar un deporte, tocar un instrumento, leer, dibujar, experimentar con ciencia, explorar la naturaleza o aprender un idioma pueden ofrecer oportunidades para descubrir intereses y desarrollar diferentes habilidades.

El acompañamiento puede incluir elegir contenidos adecuados para la edad, conversar sobre lo que ven, establecer momentos sin dispositivos y promover un equilibrio entre las experiencias digitales y actividades como el juego, el movimiento y la interacción social.